viernes, 17 de septiembre de 2010

yo no quería tener un blog

porque no me gusta leerme. Pero sí me gusta expresarme, y condeno a todos mis entornos a escucharme, y aún más los coerciono a aprobar mi pensamiento trastornado, adherir a mis alianzas y suscribir a mis rechazos; y cuando noto que la gente mientras hace que me escucha mira la televisión me acuerdo que yo no me escucharía y me voy por la tangente preguntándoles alguna soez gansada para que vuelvan a participar en el di-álogo, y ahí me doy cuenta que capaz, necesito un blog. Y este blog es también hijo de un virus, que me da fiebre, me impide ir a trabajar y me regala un viernes de reposo, bajo el cielo gris y el aire pegoteado esta ciudad, de la que no me gusta ni el clima, y en la que me quedo esperando que algo, algo me despierte de una vez por todas. Quizás pueda ser este blog.

La vida rococó no es real. Es una triste ilusión que vuela con la tierra del verano seco, en la que nos vemos bellas, jóvenes, rubias y flacas; tenemos plata, y onda, novios hermosos, viajamos por el mundo y nuestra casa es sacada de un folleto de decoración... en la vida rococó el tránsito siempre está fluido y controlado, los cacerolazos, piquetes, paros y protestas no existen, nadie te negrea en el trabajo bajo el eufemismo del monotributo, las chusmas te invitan a chusmear con ellas sobre otras personas, y el tiramisú es base de la dieta baja en calorías. La vida rococó te hace estar bronceada todo el año, te asegura la admiración popular y que los diseñadores vengan a fotografiarte a vos para saber qué imponer la próxima temporada... en la vida rococó no se necesitan brujas ni chamanes, porque no hay incertidumbres ni inseguridades, nadie abandona a nadie, no existen las colas ni las ventanillas ni la pesadilla de los trámites, los taxistas te tratan bien y te llevan rápido a donde quieras llegar, aunque les pagues con un billete de 10.000... ¿acaso eso nos haría felices?¿ O la vida rococó tampoco equivale a la felicidad? Habrá que seguir buscando...